Mensaje del Rector

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“Hoy se nos dice que estamos en la era del conocimiento, porque hemos llegado a desarrollar una portentosa ciencia tecnológica con la capacidad de extender y prolongar nuestros sentidos a través de nano-sensores inteligentes con la capacidad de hurgar más allá de nuestro sistema solar”


LA ERA DEL CONOCIMIENTO EDUCATIVO

Hoy se nos dice que estamos en la era del conocimiento, porque hemos llegado a desarrollar una portentosa ciencia tecnológica con la capacidad de extender y prolongar nuestros sentidos a través de nano sensores inteligentes con la capacidad de hurgar más allá de nuestro sistema solar.
Ni quien dude, el actual desarrollo tecnológico es fenomenal. Pero hay algunos peros que podríamos poner a tal afirmación.
Sostener que hoy es la era del conocimiento, es afirmar que nuestros antepasados no tuvieron la capacidad de aprender ni de crear nuevos conocimientos y esto no es así.
El conocimiento que hoy poseemos tiene una larga historia. Ubiquémonos por allá en los albores de la humanidad cuando el frío obligo a nuestros lejanos parientes a aprender a conservar el fuego, después sabrían cómo encenderlo; enseguida para hacer menos fatigosas sus vidas domesticaron animales y semillas. Al paso de los siglos, por las lenguas de las “madres” salían sus ideas hechas sonidos como signos significantes, entonces, dieron nombres a las cosas y la expresión oral clarificó la comunicación. En las piedras esculpieron su memoria, “lo escrito, escrito está”. Las innovaciones y el progreso seguían viniendo al por mayor. El conocimiento es incoativo. Por ahí necesitaron saber con exactitud con lo que contaban y para contabilizarlo  inventaron el 1 el 2 el 3…, el 0. En el desplazamiento de pesadas canteras descubrieron la palanca y la rueda. Por sus brebajes encontraron la pólvora y la explosión aquella, aumentó el poder de su fuerza muscular. La experiencia se transmitía de padres a hijos, el aprendizaje era familiar.
Luego vendría la gran innovación socializadora, la escuela, y el conocimiento se hizo colectivo. La imprenta masificó la comunicación escrita. Con la duda metódica preguntaron sobre las verdaderas verdades, con el cálculo infinitesimal, con la física y la geometría mecánica llegamos a la modernidad. El conocimiento no se detiene y en un brinco cuántico la física diseccionó al hasta entonces,  indivisible-átomo. Y hoy la ciencia con llaves nanotecnológicas abre las puertas del universo de lo mínimo, descubriendo propiedades nuevas de los elementos constituyentes de las cosas.
Pero, en este portentoso desarrollo aparecen las contradicciones. Por un lado tenemos el gran progreso de esta “era del conocimiento” con las TICs inventando robots y en las macro plazas sus anaqueles están llenos de alimentos y juguetes de guerra para los niños, pero junto y en respectividad están los excluidos sociales, entre ellos los adolescentes quienes gritan su soledad en el sangrado de sus cuttings y junto los ninis y subempleados. La violencia nos rebasa y en consecuencia, pedimos con insistencia empistolarnos legalmente, mientras, en las aulas escolares los jóvenes ya saben matar…
Ciertamente lo anterior tiene una causalidad múltiple, pero entre estas, se encuentra el sistema escolar orientado a desarrollar competencias en el alumno para su inclusión en el mercado laboral. Pero el educar va más allá, abarca la vida entera.
Permítame esbozar estas ideas: Todos los niños, tienen la potencialidad de ser genios dentro de su campo de cualidades personales. Entonces ¿en  dónde la van perdiendo? Aquí están nuestros niños de tres años de edad preguntándonos, Ante este encuentro de nuestros hijos con el uso de la razón, ¿qué y cómo les respondemos los padres? Luego, en la escuela, siendo todos diferentes como individuos, los acomodamos en la “normalidad” de una forma única de enseñar y por ella se les evalúa con el mismo racero. Pero ¿En dónde quedan los niños con sutiles discapacidades y los inquietos sobresalientes? ¡Qué desperdicio de talentos!
La comprensión en el aprendizaje académico es una ciencia que se hace arte  en la relación interpersonal que se da entre el alumno y el maestro. Además, lo aprendido queda aprehendido en la unidad psicobiológica, que se expresa en la conducta y en los resultados evaluados, pero también queda encarnada en las profundidades neuronales, corporales. Mire cuando uno lee, las letras c–a–s–a, allá en el fondo de nuestro cerebro se suceden infinidad de uniones neuronales, que vinculan las letras con la palabra, dentro de en un campo de entendimiento en donde en el significado de casa está su ubicación, el color, los árboles, puertas y ventanas, las circunstancias… Así, es como entendemos y comprendemos para poder afirmar: ¡esta es una casa! Lo mismo sucede cuando uno aprende a redactar lo que escribe. Igual, se necesitan nuevas sinapsis para entender las ecuaciones matemáticas.
Ciertamente queremos jóvenes emprendedores pero ¿Cuáles son los resultados en la comprensión lectora y matemática de los estudiantes de México en la evaluación PISA?
Además, estamos metidos dentro de falsas dicotomías educativas, en donde por un lado, en las universidades tenemos a los docentes académicos dedicados a la enseñanza teórica de las ciencias; y en un espacio aparte, lejano al estudiante, están los centros de investigación. Esta separación metodológica retrasa el desarrollo psico biológico del estudiante para tener una mente crítica, investigativa con la capacidad de crear nuevos conocimientos a través de darse cuenta del problema y saberlo resolver. Es aquí en donde aparece el conocimiento innovador con capacidad para modificar “las cosas” para que nuestra vida, en todos sus aspectos, sea mejor.
Este es el reto de la EDUCACIÓN. Este es el desafío al que nos enfrentamos en la Universidad Kino: Que los alumnos aprendan investigar, en este proceso están los talleres de lectura, de escritura y la edición de sus propios libros, para que se formen un juicio razonado con un pensar matemático y ahí junto, trabajan, juegan y dialogan en equipo. Esto les ayuda a conformar un pensamiento crítico, con  capacidad de darse cuenta de su entorno, que les dé poder para tener y plantear preguntas, y estas los lance a búsqueda de  respuestas: soluciones. Este es el sentido y la razón de toda investigación y el origen de conocimientos nuevos. Este es el objeto y el objetivo de la educación.
Para ello estamos actualizando el tejido curricular de todas nuestras carreras, en todos los semestres en donde nuestros alumnos empiecen a gatear, parase, caminar, correr por el mismo carril, que liga la teoría con la investigación, por donde aprenderán a solucionar sus problemas: personales, sociales, laborales… De aquí brotarán, además, conocimientos innovadores.
Esta es la ruta que las universidades debemos tomar para ir tras una era de un conocimiento educativo en donde el desarrollo social valla a la par con el sorprendente progreso tecnológico.
-El Mtro. José Rentería Torres es Rector de la Universidad Kino de Hermosillo, Sonora